domingo, 19 de julio de 2020

Paula Giglio (Córdoba, Argentina, 1988)



Comprender una ciudad
es adentrarse en sus orificios
y recibir todo lo nuevo
como un oleaje.
Algo bulle en la oscuridad
desconocido
hasta que estalla
frente a la primera epifanía:
ciudad, te ha imaginado un dios
y los hombres te han construido
prístina
a su voluntad.
Pero también hay algo mío:
la misma silueta de los edificios,
los balcones de Recoleta estilo francés,
el café todo vidriado de la esquina,
las calles de San Telmo en el Barrio Latino,
una avenida del Libertador
que se llama Boulevard Saint-Michel:
¿dónde estás, París, que todavía
camino por Buenos Aires?
Tampoco hemos heredado todo.
Acá, el sonido de la sirena
es más agudo, más gangoso.
Hay un cuidado especial
para bajar del subte, menos ruido,
algo más alto que el Obelisco
y el grito de los cuervos
que me van guiando
hasta el Montparnasse.
La gente ha dejado
sobre una tumba
cigarrillos y boletos del Metro.
¿Cómo sería saltar al cielo
de una rayuela
dibujada
sobre la lápida?





La risa loca de los ángeles

               Ediciones Liliputienses



               (Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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