sábado, 18 de julio de 2020

Manoel de Barros (Brasil, 1916 - 2014)



Desprecio

 

Desprecio era un pueblito. Me parece que un lugar despreciado
es más triste que si estuviera abandonado. No sé por qué
caminos el mundo me sacó de Desprecio hasta esta
Estación de servicio en la ruta que va para San Pablo.
Me parece casi un milagro. Cuando alguien vivía en
Desprecio ya era despreciado. Quedaban tres casas en
pie. Y tres familias con ocho chicos que corrían por las
calles ya cubiertas por la maleza. Yo era uno de esos ocho chicos.
Ahora estoy aquí vendiendo gasolina para los potentados.
En aquel tiempo en Desprecio yo quería ser tierra, esto
es: para que los árboles crecieran en mí. Para que
en mí se formaran los caracoles. Yo quería ser
tierra en aquel tiempo en Desprecio para que sobre mí los
ríos corrieran. Me acuerdo que los pobladores de
Desprecio, incluyendo a los ocho chicos, todos ellos querían
ser pájaros o cosas o nuevas personas. Eso quiere decir que
los pobladores de Desprecio querían estar libres para
ser otros seres. Hasta ser tierra servía como era mi caso.
Nadie era responsable por las preferencias de los demás.
No era una broma. Podía ser un sueño
salido de Desprecio. Una señora de nombre Ana Belona
quería ser árbol para tener gorjeos. Ella dijo que no
quería más moler soledad. Había un hombre con la
mirada sucia de dolor que recogía la mejor basura del
lugar para construir otra casa. No sé por qué aquel
hombre con la mirada sucia de dolor quería permanecer en
Desprecio. Yo no se nada sobre las grandes cosas del
mundo, pero sobre las pequeñas sé menos.
Trad.
Jose Ioskyn

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