Un poema para leer en una noche de luna afuera de una comisaría
No es que me importe mucho ahora
pero si algo le pasara
a la Democracia Occidental
–una idea peligrosa–
antes de que tuviéramos chance
de pasear junto al río
una cálida tarde de verano
sin que nos rodearan de inmediato
carros blindados,
exigiendo atención, respeto,
incluso afecto por el presidente,
jamás me perdonaré
por no decirte a tiempo
cuánto te amo, en realidad.
No es que te extrañe mucho
(después de todo, aquí hay mucha gente
que estaría muy dispuesta...)
De hecho, probablemente haya una fiesta
en este mismo instante
a la que fui invitado pero por un
colapso en las comunicaciones
a causa del estado de emergencia,
hasta ahora no sé
qué fiesta es.
Ningún guardia rojo a la vista
cuando dejamos la fiesta
para ir a casa
caminando junto al río
bajo una luna llena.
Ningún cura despierto
para emprender la tarea
del declinante
reino del cielo.
Tú y yo abrazados...
ningún dios,
ningún merlín,
ningún lenín.
.....
(Trad.: Gerardo Gambolini)
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