EL FIN DE LA CASA
Un día mi hijo mayor dijo
“Esta noche volveré tarde a casa”.
Hice dormir a los pequeños
y creo que entonces miré nuestra casa
por primera vez.
Era vieja
y en el invierno con las lluvias habría goteras.
EL OJO DE MI PADRE
Mi padre tenía un ojo de vidrio.
Los domingos cuando estaba en casa, sacaba de su bolsillo
varios ojos, los lustraba con el borde de la manga y
llamaba a mi madre para que eligiera. Mi madre reía.
Por las mañanas mi padre estaba contento. Jugaba con el
ojo en su palma antes de ponérselo y decía que era
un buen ojo. Pero yo no lo quería creer.
Me ponía un chal oscuro sobre los hombros como si tuviera
frío y espiaba. Un día por fin lo vi llorar. No había
ninguna diferencia con un ojo verdadero
Poesía Griega Moderna, Ed. Vinciguerra, Bs. As., 1997.
Trad. Horacio Castillo
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