lunes, 15 de junio de 2020

Javier Etchevarren (Montevideo, Uruguay, 1979)




Honduras

el hambre le come los músculos
su piel decidió envejecer
sus pies pertenecen a las niguas
apenas lo ampara la negligencia
mirarlo es asistir a su funeral
ese niño
juego de azar
festival de la desgracia
icono de la omisión
es breve y frágil, es una cosa
imagen que puede herir
la sensibilidad del televidente
objeto de nuestros comentarios
y este poema

De «Fábula de un hombre desconsolado» (2014)



MI MADRE


Mi madre tiene seis brazos.
Así logró salvar a sus tres hijos de aquel incendio.
Corrió hacia el futuro,
dándole la espalda al derrumbe, al fuego,
hasta que fueron cenizas.
Recién entonces nos permitió mirar hacia atrás.
Mi madre saltó desde un balcón
aquella vez que los perros me atacaron.
Se lanzó al río y salvó de su feroz corriente
a mi hermano Adrián.
Desvió -con un golpe certero- un veloz automóvil
para evitar que mi hermano César fuera atropellado.
Mi madre nos salvó a los tres del hambre,
ese vacío voraz
que ataca a los niños en pleno día.
Ni el tiempo puede con mi madre.
Se han muerto mi padre, mis abuelos, mis tíos.
Mi madre ha decidido no morirse antes que sus hijos.
Tan poderosa es.






MI PADRE


Mi auténtico padre
gobernaba un planeta distante.
Vendrían por mí
buscando al heredero del trono.
Mi auténtico padre
recorría el mundo y hablaba varios idiomas.
Un día lo cruzaría
en algún puerto lejano.
Mi auténtico padre
era millonario y tenía
negocios en Asia y Oceanía.
Me mandaría un obsequio pronto.
Mi auténtico padre
era guerrillero y llevaba
una vida clandestina en Perú o Colombia.
Yo estaría orgulloso de su lucha.
Lo cierto es
que mi falso padre
murió solo, sin gloria
y ni siquiera tuve
interés en su cadáver.

De «Ruidosa Luz (100 haikús)» (2016)




Entre el bien y el mal



tuvimos que elegir.
Elegimos mal.
Quiso la roca
batallar contra el mar
—dijo la arena.
Una mujer
con forma de canción
canto en voz baja. 

De «Cuerpo roto en cuatro puntos cardinales» (2018)




IMPOSIBILIDAD DE XIMENA


Atravesé los hemisferios del tiempo
tras la hazaña de recrear
con poemas tu elipsis.
Pero soy impreciso
y sólo es grava semántica tu fibra:
un misterio convertido en delirio,
una fábula opaca,
un galope de versos sin vigor.
Se fatiga tu rastro
pero hay un conflicto
de bruma y minerales
cuando presiento
tu regreso.
¡Entonces escucho
-justo detrás de mí-
unos pasos que se acercan!
¡Entonces escucho
-justo detrás de mí-
una llave girar!
Entonces me vuelvo
-veloz y sonriente-.
Entonces me vuelvo,
en vano,
porque ninguna puerta se abre.








(Fuente: Bitácora del Párvulo)




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