Mi padre
MI PADRE me enseñó a manejar
la hoz,
no quería que ella me diera de
comer
pero me decía que en este mundo
nunca se sabe.
—quien tiene un pedazo de
tierra y una hoz
no pasará hambre.
Segué trigo, cebada,
garbanzos...
mi dedo índice lo sabe,
un día estuvo a punto de
acompañarlos dentro de una alpaca.
Mi padre me enseñó a
despreciar todo lo superfluo,
a no acumular, a ser sobrio,
a apreciar la riqueza que es
vivir en austeridad.
—cuanto más te cargues de
cosas más te costará andar con ellas.
Mi padre me enseñó a no
discutir,
porque la razón navega por el
centro de un río
y es imposible que no toque las
dos orillas.
—aunque cada uno decide en
qué orilla quiere estar,
invita amablemente a tu
ribera.
Mi padre me enseñó a hablar
sólo lo imprescindible.
—cada vez que hables,
acompáñate de una palabra
de afecto.
Va por ti, padre,
este poema.
En
Palos
edición de Agustín Villalba
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
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