martes, 9 de junio de 2020

Abu Tamman (Siria, ca 805-ca 845)



Muhammad ibn Humayd 

 

Y no murió sino cuando hubo fallecido
el filo de su espada, harto de mandobles,
y se melló en ella la lanza morena.
Fue llano su paso por la muerte súbita,
y le devolvió el celo amargo y el carácter áspero.
En la ciénaga de la muerte asentó su pie,
y le dijo: Bajo tu planta está la resurrección.
Bien de mañana madrugó, siendo
la alabanza la urdimbre de su túnica,
y no se fue sino cuando tuvo su soldada: el sudario.
Y ahora parecen los Banu Nabahan,
el día en que fue alcanzado, estrellas,
entre las que se haya desplomado la Luna llena.
Se lamentan por un difunto
por el que aúlla también la misma grandeza,
y lo lloran la bravura, la magnanimidad y la poesía.
 
 
 
 

incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)

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