La gente se negaba a corromperse con las buenas costumbres.
La gente examinaba la grieta dura de las lagartijas.
Sólo para jugar a la ciencia.
La gente alisaba las partes de los murciélagos con el lado sin filo de los cuchillos
Sólo para verlos chillar con más entusiasmo.
Hacíamos niñerías con las primitas
a la sombra de los bananeros, debajo de los naranjos.
Sólo en homenaje a nuestro Casimiro de Abreu.
No era necesario ser versado en Kant para
Saber que los pajaritos de igual plumaje
vuelan juntos.
Ni era preciso ser un conocedor de Darwin para
saber que las espinas no se clavan en el viento.
Que, después de todo:
Sabio no es el hombre que inventó la primera
bomba atómica.
Sabio es el niño que inventó la primera
lagartija.
(Fuente: En Amor Arte)
No hay comentarios:
Publicar un comentario