Los reinos del amarillo
La tierra pródiga de la Mata produce y exhibe un amarillo rico (si no el de los metales): el amarillo del maracuyá y los del mango, el del oiti-da-praia, del cajú y del cajá; amarillo vegetal, alegre de sol libre, bordeando lo estridente, de tan alegre, y que el sol eleva de vegetal a mineral, puliéndolo, hasta encenderse de metal la piel. Pero hiere la vista otro amarillo, y la hiere aunque opaco (el sol no lo enciende): amarillo menos que vegetal, y si animal, de un animal cobre: pobre, podridamente. 2 Pero hiere la vista otro amarillo: si animal, de hombre: de cuerpo humano; de cuerpo y vida; de todo lo que segrega (sarro o sudor, bilis íntima o moco), o sufre (el amarillo de sentirse triste, de ser analfabeto, de existir aguado): amarillo al que en el hombre de ahí se le suma lo que tiene ser pantano, serse fardo. Aunque común ahí, ese amarillo humano aún salta a la vista (pero por el prodigio): por lo que tardan en secar, y al sol de ahí, esos charcos de amarillo, de escupitajo vivo.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
No hay comentarios:
Publicar un comentario