
EL LIBRO
Una tras otra me toco las cicatrices,
mi único camuflaje
para recordar quién soy.
ése es mi último ritual.
La más antigua es la del hombro izquierdo
–de la vacuna contra la viruela–
redonda, como si alguien
hubiera apagado un cigarillo allí.
Ése fue mi primer bautismo.
Tengo muchos arañazos, muy finos,
en los diez dedos de las manos:
uno por cada mandamiento.
De niño me gustaban los cuchillos.
Entonces no había otros juguetes.
Solía colocar todos los objetos de la casa
que eran puntiagudos o afilados
delante de mí en la mesa,
para darles nombres
como se nombra a los niños.
La edad de un caballo se determina por los dientes,
la de un dolor por sus cicatrices.
Y aun así todavía soy joven.
Aquí (y debe decirse en susurros)
hay mucho espacio aún.
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en "La caligrafía de la aguja", Valparaíso Ediciones, Granada, 2017. Trad. del letón por Lawrence Schimel. En la imagen, Arvis Viguls (Jēkabpils, Letonia, 1987) por Gints Ivuškāns.
(Fuente: Jonio González)
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