DIVISANDO LA ORILLA
Con ganas de morirme y también
de estar, voy en una tabla
de salvación a la deriva en Buenos Aires
Oigo débil a mi voz rebotando contra el
velamen y el mástil de cristal rebosando
vino del Piamonte y en un par de vasos
—uno medio vacío y otro sin fin—.
Viéndole la hilacha al cielo en la tierra,
ahora sé que el tiempo es inocente,
siempre está inmóvil, soy yo
quien se mueve hacia mí.
.....
(Fuente: Daniel Freidemberg)
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