LOS MÉDICOS SON UNOS HIJOS DE PUTA QUE TRABAJAN PARA LOS LABORATORIOS
a Mario Arteca
Cuando un hombre
se dobla para arrancar de la tierra
las malas hierbas que crecen entre las plantas de tomate
deja de silbar y suspira. Eso pasa porque
las cosas son simples. Pero las cosas simples no dan dinero,
no generan ganancias extraordinarias, no son “negocio”.
Entonces, aparecen los expertos, las planillas excel y los
powerpoints que se exhiben ante hombres que saben cómo
multiplicar por cero y que el resultado no sea cero.
Se hamacan en sus mentes
y sueñan con oficinas con ventanales que van del piso al techo
desde los cuales se ve la ciudad infinita.
Tramposos sacerdotes que predican la
teología rapaz y modulada controlando el arrebato de la codicia.
No sé si ustedes conocen, si vieron alguna vez un cuchillo
de paracaidista. Son eficaces, tienen una canaleta para que entre
el aire: o sea, cuando entra el aire por esa canaleta sale la sangre,
más sangre más rápido. Bueno, unan la línea de puntos y van a
saber de lo que hablo.
No pases de todo. Yo no me caí del cielo. Nada es lógico.
cuando escuches esa palabra, sospechá.
Lo mejor de la pureza es cuando las ruedas
empiezan a girar, cuando los espejos escupen sus luces violetas y
cuando el hombre que se inclinó para arrancar
las malas hierbas, porque le interesa que no le saquen el agua
a las tomateras que tanto cuida, se levanta y vuelve a silbar.
Las cosas son simples. Cuando te hablan y no entiendas
lo que te están diciendo, te están engañando.
A la hora del rocío, antes de que amanezca, en invierno
el aire es una chapa de zinc. Lo importante
es caminar despacio, pero no tanto. Es como leer.
Hay que saber moverse: significados y significantes: los
anzuelos brillan, pero no todos los ven.
Me gustan los bares tristes,
los que no están acomodados por el marketing,
ni para un lado ni para el otro.
¿Nunca les pasó de llegar a un lugar al que
querían ir y cuando llegaron, ese lugar
no era como les habían contado? Y ustedes
pensaron: esto no existe.
Claro, una patraña. Hay que saber
contar historias (saber narrar, dicen los ensayistas)
para poder convencer.
Va a llegar un momento, en que todas
esas cuevas de acero y vidrio del centro de las
ciudades, en donde a los expertos les funcionan
mejor sus branquias, no van a resistir más.
Así son las utopías.
O el tiempo. “Todo lo sagrado será
profanado y todo lo sólido, etcétera”.
De lo que se trata es de que esa ecuación
se invierta. Trato de no usar corbata (aunque
cuando me pongo una, me gusta cómo me queda),
pero, en cierto punto, hay que ser un poco tonto
o un suicida para estar satisfecho al ajustar
con prolijidad el nudo de la muerte
mientras pensamos: combina con el color de camisa
y con mi estado de ánimo.
Nadie ignora cuando las cosas
empiezan a andar mal. No hay que saber solfeo
para darse cuenta cuándo el cantante desafina.
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