lunes, 5 de mayo de 2025

Leticia Hernando (Buenos Aires, 1976)

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ACÁ LOS DIOSES ESTÁN LLENOS DE COSAS



I
Aunque los caminos se bifurquen
y no dejen de subir hasta donde escasea el aire,
acá, donde todo es distancia y altura,
las montañas están llenas de colores y de dioses,
y los dioses, llenos de cosas.
 
Habitan en túmulos de piedras,
en las vueltas de los caminos
mecidos por el viento
allí donde los arrojan, se los encuentra
y hay un nudo de cintas de colores como seña.
 
II
Son colorados y tienen cuernos
(así lo enseñó el conquistador)
pero también verdes, azules, amarillos.
 
A veces son introducidos a fuerza de pico y taladro
en el interior de una montaña
(así se introdujeron en el corazón de los hombres)
y anidan un rincón de roca sin más luz que un pabilo.
 
Criaturas inconstantes y caprichosas
además de cuernos (como enseñó el conquistador),
tienen botellas de agua ardiente,
tabaco, serpentinas, hojas de coca
y un falo enorme y desproporcionado.
Los llenan de cosas por torcer su voluntad.
Porque los dioses (y eso no lo supo ningún conquistador)
no son ni buenos, ni malos
volubles a las circunstancias
así como vigilan (a pedido del conquistador)
pueden mirar para un costado.
 
La tierra, en cambio, es un vientre moreno
anterior a dioses, que todo lo contiene.
Hojita de chala, capa de cebolla, la tierra,
todo lo oculta, todo lo da.
Pero hay que saber buscar:
esconde sus frutos como las mujeres su tesoro
falda sobre falda. 
 
III
Llegamos con la lengua del conquistador cosida a los labios.
«Gringas», nos dicen, cuando cierran las ventanas
o abren sólo para nosotras el almacén
y comprendo:
no sabemos pronunciar el verdadero nombre de los dioses
ni torcer su voluntad.
 
 
(Fuente: Tema: Poesía)

 

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