Si pudiera aferrarla por las hermosas trenzas
que para mí son látigo y azote;
con ellas pasaría la tarde y la noche;
y no sería piadoso ni cortés,
sino que haría como el oso cuando juega;
y si el Amor me golpeara con sus trenzas,
yo me vengaría más de mil veces.
Y aún en los ojos, de donde salen las chispas
que me abrazan el corazón, que ya está muerto,
la miraría de cerca y fijamente
para vengarme de su huida;
luego le devolvería con amor la paz.
(Fuente: Héctor Giuliano)
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