
ERROR DE MARKETING
A mí mi nombre no se me parece.
Suena en mi nombre un siseo de tijeras.
Suena en mi nombre la voz de mi madre.
Mi nombre se le parece a mi madre.
El cuerpo de mi madre: denso y fino
como un fusil automático liviano.
Mi madre amó el silencio, amó la música,
la forma y los venenos cortesanos.
Tal vez soñó satenes y satélites.
Tal vez creyó en la elegancia de los ángulos
agudos donde tropiezo cuando escribo mi nombre:
el zigzag de la zeta, la ve corta.
Mi nombre es un buen nombre
para la posteridad y para el mármol.
Mi nombre va a quedar bien en mi lápida.
Cómo será, que un día lo abrevié:
“izvig”. Y me llegaron un montón de e-mails
de un tipo chino que agrandaba pijas:
“Makes it bigger”. ¡Y todas esas íes!
Mi nombre no dice de mí cuánto me gusta
hablar, nutrir pequeños animales.
A mi nombre le sobra mi cuerpo, le sobra mi ropa.
Mi desmesura de sobreviviente,
mi desempleo, mis bolsillos marsupiales.
Yo lo pronuncio mal, no se entiende.
Yo lo pronuncio ajeno. Se me quedan mirando
como si llevara un nombre falso.
A mi nombre yo no me le parezco.
Debí llamarme Olga, Sonia, Gloria;
apellidarme Russo o Mastronardi.
Mi nombre suena a futuro, suena a autopsia.
Mi nombre, ese chirrido de sierra eléctrica,
no habla bien de mí.
(Fuente: Tema: Poesía)
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