viernes, 2 de mayo de 2025

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Italia, 1911-Roma, Italia, 2000)

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LAS GAVIOTAS

 

Nunca había visto gaviotas sobre las orillas del Tíber
cambiantes este fin de invierno las plumas y las aguas.
 
Me he apoyado en el granito como hacen aquellos
que velan sobre su propia vida o muerte dotados
 
de una atenta paciencia, pero mis ojos distraídos
seguían los planeos rapaces de los pájaros plúmbeo-plateados
 
hasta que fueron saciados los vientres ahusados los picos
resplandeciendo sobre otras olas en un sol distinto
 
por el transcurso inevitable del tiempo mis
pupilas cansadas y aún voraces no se volvieron
 
sobre el emporio móvil de las populosas calles de Roma
en búsqueda desesperada a la hora de la hipoglucemia
 
de un alimento imprevisto sólo para mí visible
en una revelación gozosa y estéril en la sombra-luz
 
sanguínea de los áticos y cornisas meridianos
humeando sobre las colinas las ramas verdes de la poda
 
hasta oscurecer el cielo piadoso del retorno.
 
 
 
________________________
en "El secondo Novecento. Poesía italiana contemporánea", Ediciones En Danza, Buenos Aires, 2020. Traducción, selección y notas, Jorge Aulicino . En la imagen, Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Italia, 1911-Roma, Italia, 2000) por Edoardo Fornaciari.
 
 

I GABBIANI

 

Non avevo mai visto gabbiani sulle rive del Tevere
cangianti in questa fine d'inverno le penne e le acque.
 
Mi sono appoggiato al granito come fanno quelli
che vegliano sulla propria vita o morte usando
 
un'intenta pazienza ma i miei occhi distratti
seguivano le planate rapinose degli uccelli plumboargentei
 
sino a che furono sazi i ventri affusolati i becchi
già risplendendo su altri flutti a un sole diverso
 
per il procedere inevitabile del tempo le miei
pupille stanche e ancora voraci ormai volte
 
sull'emporio mobile delle vie popolose di Roma
alla cerca disperata nell'ora dell'ipoglicemia
 
d'un alimento improvviso soltanto a me noto
in una rivelazione gioiosa e sterile nell'ombra-luce
 
sanguigna da attici e cornicioni meridiani
fumigando sui colli i rami verdi della potatura
 
sino a ottenebrare il cielo pietoso del ritorno.
 
 
(Fuente: Jonio González)

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