Desnuda excepto las joyas
“Y”, dijo ella, “dejá de hablar del éxtasis. Es muy solitario”. La mujer empezó a recoger sus zapatos y sus sedas. “Me dijiste que me amabas”, dijo el hombre. “A veces mentimos”, dijo ella, mientras se cepillaba su espléndido cabello, desnuda excepto las joyas. “Tratamos de creer”. “Estabas indefensa de placer”, dijo él, “gemías y llorabas”. “En el sueño”, dijo ella, “hacemos de cuenta que nos estamos tocando. El corazón se miente porque debe”.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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