Madrás
1
Hablaré de la forma en
que nacían mirtos en los techos
y caían sobre nuestras
cabezas como
las lluvias o el
cosmos.
Sucedió en tiempos
poco afortunados para el trueque de
palabras.
─Solo en Madrás ─me
aseguró─ se pierde el perfil de
nuestras sombras.
Hoy ha caído el último
verde cercano a los árboles, allí
donde el rocío y las
cenizas son el
preludio de su nombre.
2
No he podido contarle
todo, su oído era antiguo y alojaba
palabras en tamil, la
lengua que une
los tiempos.
Los mares morían en su
brevedad; en tanto mi voz nadaba
como pez hasta su
resistencia
y se detenía en el
aceite de las lámparas.
4
Mencionaba Madrás y me
decía que las lluvias sobre ese
nombre caían en idioma
drávico
desde latitudes
ancestrales; también que era sagrado
aguardar el nacimiento
de un jazmín.
Recuerdo su cuerpo
como el aire del monzón, cayendo en
los suburbios de su
antigua belleza.
5
No habían identificado mis huellas en su
camino. Quizá no
fuese mi tiempo. La geografía ya había trazado
los
trópicos y diseñado sus guijarros y sus
costas. Excusas
para hablar de nuestra isla y de todas las que
le sucederían.
Sus hábitos eran celebraciones, cantos
infinitos, órficas
nocturnidades, exilios de una lengua
desconocida.
8
Nunca he sabido por
qué ya no existe esa ciudad al sur del
mundo, aquel lugar de
la costa de Bengala donde los
dedos de los
pescadores desgranaban plegarias; tierra de
rostros agrietados de
café y canela, donde escribir era
descender por la
columna de un ángel sin nombre.
9
La profundidad de sus
ojos recorría el monte, tumba de
dioses vencidos y de
senderos que
iluminaban sus pies de
cometa.
Era octubre o simplemente
el mes donde un poema
comenzaba a
escribirse.
En lo no dicho
encontré un tiempo habitable.
–¡Sigue! –le rogué.
Y su nombre dejó de
pronunciarse.
13
Me aseguró que el
tiempo antiguo está en el presente y
que quien siembre dos
veces
cosechará
indiferencia.
Luego cayó el azul
sobre sus cabellos; y fuimos parte del
mar y de los astros.
14
Nuestro lugar habría
sido amado por Eliot. También allí
nacían lilas de la
tierra muerta.
Me pregunto cuánto
tardaría hoy en caminar hacia el
Índico y encontrar la
corriente que ya no
la recuerda.
En: Madrás, Ángela Gentile, Éditions
L'Harmattan, París, 2021.
(Fuente: Los poetas no van al cielo)
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