El pasado que florece
No hay ninguna poesía cuando vives ahí.
Esas piedras son tuyas, esos ruidos son tu mente,
los tranvías rechinantes y las calles que te unen
al bar soñado donde se alivia la angustia
son calles y tranvías: la poesía está en otro sitio.
Las fachadas de los cines y las tiendas
dejadas atrás y lloradas, ya no se lloran más.
Los nuevos jalones del aquí y ahora parecen
extrañamente fríos. Pero ve al Polo o a Nueva Zelanda,
y esas piedras florecerán y los ruidos cantarán
y serán fascinantes los tranvías, para el niño dormido
que nunca descansa, cuyo barco seguirá vagando siempre,
que jamás podrá volver a casa, y aún así debe traer
de vuelta a Ilión trofeos extraños, y absurdos!
......
Un río seco es como el alma
Un río seco es como el alma
de un poeta que no puede escribir, aunque percibe
su tema con claridad imperfecta y lamenta
morir de sed por la sequía. Pero su meta,
un saludable mar del más claro cristal una vez,
retrocede, se vuelve gris en el espino cerval,
se va como los amores viejos,
abandona la mente por completo. Él no concibe
nada que lo remplace: solo en el polo
de la memoria vibra una brújula extraviada;
y así el río, al lado de sus árboles grises compasivos,
es una agonía de piedras, horrores que se hundieron
y que son declarados, blanqueados ahora. Porque son estas,
estas piedras y naderías las que mandan
cuando el río es un camino y la mente un hueco.
......
[Trad.: Gerardo Gambolini]
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