DICEN QUE AL AMOR ALARGA LA VIDA
Dicen que el amor alarga la vida. Y, por lo visto,
también ayuda a escribir bien: Onetti
tuvo cuatro esposas –sin contar infidelidades–
y vivió voluptuosamente 84 años.
Otro que supo amar con creces (aunque pasó
sus mejores años en la cárcel)
fue el poeta turco Nazim Hikmet:
“Llegué a estar loco de celos por mujeres que amé”,
confesó en un poema autobiográfico.
Y agregó sin rubor: “Engañé a mis mujeres,
pero nunca hablé mal a espaldas de un amigo”.
Sí, al menos sus amistades gozaron de lealtad.
Neruda tampoco se quedó en aprontes. En su caso,
habría que hablar de María Antonieta,
de Delia, de Matilde –sus esposas legítimas–,
entre otras historias no tan claras.
Y están los que penaron en soledad,
pero tuvieron su Ophelia –como Pessoa–
o su Felisa –como Kafka–, amores contrariados
que se apropiaron de su corazón.
Esto confirmaría que detrás de un gran hombre
siempre hay una mujer –o dos... o quizá tres...
o acaso un centenar– y que, además, para escribir El Quijote
es necesario estar enamorado.
MI PERRO ME HABLA
Mi perro me habla y yo lo escucho.
Es ordinario y callejero,
como los perros de Diógenes.
De ahí, tal vez, proceda su sabiduría.
No fue a la escuela,
no tuvo guías que lo guiaran
ni consejeros que lo aconsejaran.
Ergo, puede pensar libremente
(éste es su mérito más grande)
y, además, con alegría
(algo poco habitual en el que piensa).
En su filosofía, no cabe el platonismo;
tampoco hay margen para ídolos
ni mitos traídos de los pelos.
Como no recibió bendiciones,
nadie lo tiene en cuenta en el debate:
“No es más que un perro indigno”, aseguran,
y le arrojan un hueso con desprecio.
Sí, mi perro me habla y yo lo escucho.
A veces, yo también le hablo a mi perro,
pero, ¿qué puedo explicarle?
Él ve claramente el horizonte
donde mis ojos sólo ven la bruma
del discurrir civilizado.
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(En "Un arte invisible" - 2016)
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