domingo, 20 de septiembre de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

𝐔𝐧 𝐫𝐞𝐲 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐫𝐞𝐲

 

Se ha vuelto el cerebro forma hermética,
¿glándula el corazón? Sangre no fluye,
sólo vértigo se ayunta ahí con semen, luz
inmóvil. Padre pastor dame tus voces.
Madre luna por analogía de color dame
otras luces. ¿Gotas muchas de sangre
congregadas crían arte y el mismo oro
concibe las plegarias? Horrible arroz gallo
en ceremonia diaria. Sémola dulce.
¡Qué organos extraños estos míos
como una cuerda de tortura aspan huesos,
madejas nerviosas y ánimas ligadas
con cal. Huesecitos de papel decía una poeta.
Naftalina, algodones, hospitales. La vida
en el país de la muerte. ¿Por qué me han puesto
en el alma esos huecos que bien estarían
en la isla de las arpas, en las bahías
de los extraviados, en el silencio del cerebro?
Déjenme vivir. Que vivan la nuca, las rodillas
y mi ojo derecho. Y si se tuercen mis dedos
y si se pierde ese cerebro en la locura del vacío
perfecto, déjenlos ser o escribir o caer,
no molestan a nadie. Un rey es un rey.
 

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