Noches blancas
Oíme, corazón, ya es tarde. Y la casa duerme. Y duermen, en la casa, los hombres. Silencio. Te traje un té: de manzanilla. Y, ahora, acostate. Dormitá. Es época de noches blancas acá en el norte del hemisferio norte. No. La noche oscura se hace esperar. Por ahora, no hay noches oscuras. Escuchame, mi amor, ya es tarde: dejá que tu cuerpo de plomo se hunda en estas sábanas de lino. Y que, durante el sueño, suturen las heridas de tus alas quebradas. Dormí, que te hace falta. Dormí. Porque lo que te aterra viene de adentro. Y no te cura el vino. No te ahuyenta la vigilia. Ni te absuelve la resaca.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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