Oye tú, Mago, las felicidades y las desdichas
son como un alboroto dentro del corazón
ya no parecen sino pencas embrujadas
que se atraviesan a uno en los trovares del alma.
¿No ves
que estamos fallando y ya uno de nosotros
(el más nosotros)
anda extraviado
entre las malezas picoteadas de abril?
Resucítalo tú, en los celajes con tronos de lechuzas,
en los bejucales encendidos por donde pasa el río
de los amores de siempre.
Resucítalo, ahora,
cuando oficias en medio del asombro:
entre mujeres aladas, hechizos, pájaros realengos,
cuando estamos tocándote y esa gracia nos abre el cielo
de par en par.
(Fuente: Luis Alejandro Contreras)
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