miércoles, 22 de octubre de 2025

Carlos Núñez (Buenos Aires, 1955)

 

 

Correr

 

I
Nos sentábamos en la nueva plazoleta que tenía toboganes de madera
y hamacas rojas colgando de cadenas lustrosas; todo con olor
a fábrica inundada y grasa de taller. Nos gustaba fumar,
tomar cerveza
volcar basura en la puerta
del viejo nazi de la calle Benedicta.
Sacrificábamos arañas con pólvora suelta,
gritábamos como con una herradura en la garganta
y corríamos
cuando veíamos al patrullero
simplemente corríamos.
 
II
Este lento final de la vida es asqueroso.
Guzmán camina ebrio todos los días y pisa solamente las baldosas del mismo color,
es un viejo deplorable tiene olor a podrido y a vino,
él dice que es médico y que una vez le sacó sangre a Perón
y le recetó Vick Vaporub para que respirara mejor. Cuando pasa nos mira
saluda con la mano y lanza una puteada al aire como quien toma
aliento para seguir. Dicen que en su casa hay miles de corchos y botellas vacías
y que se hizo alcohólico porque equivocó el remedio para una nena con asma y
que la nena se murió.
El japonés Mishima no lo puede soportar
-Ya no hay ni quien te mate
en este barrio de viejos reaccionarios
llenos de enfermedades y de remedios-
dice, repite Mishima
que se tatuó “Nagasaki”
en el brazo izquierdo y afila cuchillas
hecho un samurai imberbe
a la sombra, en el patio de la tintorería
mientras canta
como un castrati.

 

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