Correr
I
Nos sentábamos en la nueva plazoleta que tenía toboganes de madera
y hamacas rojas colgando de cadenas lustrosas; todo con olor
tomar cerveza
volcar basura en la puerta
del viejo nazi de la calle Benedicta.
Sacrificábamos arañas con pólvora suelta,
gritábamos como con una herradura en la garganta
y corríamos
cuando veíamos al patrullero
simplemente corríamos.
II
Este lento final de la vida es asqueroso.
Guzmán camina ebrio todos los días y pisa solamente las baldosas del mismo color,
es un viejo deplorable tiene olor a podrido y a vino,
él dice que es médico y que una vez le sacó sangre a Perón
y le recetó Vick Vaporub para que respirara mejor. Cuando pasa nos mira
saluda con la mano y lanza una puteada al aire como quien toma
aliento para seguir. Dicen que en su casa hay miles de corchos y botellas vacías
y que se hizo alcohólico porque equivocó el remedio para una nena con asma y
que la nena se murió.
El japonés Mishima no lo puede soportar
-Ya no hay ni quien te mate
en este barrio de viejos reaccionarios
llenos de enfermedades y de remedios-
dice, repite Mishima
que se tatuó “Nagasaki”
en el brazo izquierdo y afila cuchillas
hecho un samurai imberbe
a la sombra, en el patio de la tintorería
mientras canta
como un castrati.
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