El hijo
Está canción está dedicada, está canción es, es para. La compuse en un sueño, la segunda canción más antigua del mundo. Su tema son las horas sin salario, las horas azules, y la letra está inspirada vagamente; la letra recuerda. Es de atribución anónima como la lluvia. Quiero que todo el mundo la cante, hasta las piedras. Quiero a toda esa gente linda que se dedica a su faena en la oscuridad. Viento entre los álamos, palabras oídas por casualidad, barullo de tráfico, sirenas que se alejan, gente que separa vidrio para el reciclaje, el silbido y la denuncia de la pirotecnia ilegal, la denuncia de tiros, risas del otro lado de una pared, risas infantiles: ésa es mi gente, con su bamboleo imperceptible. Te sabés la letra de memoria porque no tiene letra, pero tiene destinatario, vos sos el receptor implícito de la letra de la canción de y para el futuro que grabé en mi teléfono en un sueño común, porque los sueños son comunes. La pantalla está toda resquebrajada y el vidrio se me astilla en el dedo cada vez que lo toco. Algo se perdió en la transcripción porque no tiene letra, pero se gana ruido ambiente, se hace una cama sonora. Por eso les mando links a mis amigos: quiero que mis amigos se vinculen y escuchen a medida que se dispersan por los puentes hasta volverse parte de la tradición popular, la tradición azul, la parte silenciosa y sin letra de la que, por el hecho estar vivo, soy contribuyente anónimo. Las pinturas la cantan en las noches, una exhalación, aunque la letra esté mal. La canción dura una eternidad y después se interrumpe. Su idea fundamental es que es posible derrotar al tiempo por una hora si todo el mundo respira a la vez, pero las canciones no se hacen con ideas, se hacen de vidrio, el vidrio aerosolizado que pasa a los pulmones. Acá está el estribillo de la canción: el momento antes de la música. Es un poco sentimental; como mis hijas, sentimentales, irresponsables, fuertes; como mis hijos: irascibles, por nacer. Esta canción se apaga como una vela al viento. Mi papá me dijo que me había puesto el nombre por “Bennie and the Jets”; en realidad, llevo el nombre de mi bisabuelo materno, pero mi papá me lo cantó en el Stormont Vail. Según mis creencias, la primera experiencia del lenguaje viene del padre y es cantada, sensiblera, popular, la canción se puebla, hasta yo me dedico a apagarme. Si ves las letras i como si fueran velas, si las íes arden y parpadean, entonces la canción empieza a circular. Y si yo estuviera ahora alzando a un hijo envuelto en una manta de hospital, si tuviera la cara amoratada de púrpura debajo del gorrito, si estuviera cantándole a ese hijo mientras contemplo el parque por la ventana, él sería mi princesa, todas las canciones populares serían sobre él, flotarían sobre él como una niebla. Lo único que necesito que diga mi canción algún día es que sos mi princesa y mi papá y que estás respirando vidrio, vidrio blando que te vincula, que esa lluvia fuera del tiempo es niebla, es vidrio, y yo quiero que te disperses por los puentes.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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