martes, 6 de mayo de 2025

Marcos Herrera (Buenos Aires, 1966)

 


 
 
 
 
Y para seguir con el ensayo de Piglia sobre Gombrowicz: “Ese día de agosto de 1947, entonces, Gombrowicz da esa conferencia explosiva, que produce un pequeño escándalo, según el testimonio de los que asistieron. Sorpresa general, estupefacción. Pero lo más divertido (lo más gombrowicziano) es que entre el público está el presidente del Banco Polaco de Buenos Aires, y algo cambiará en la vida del escritor polaco. Porque el presidente del banco, después de escuchar la conferencia, le da trabajo.
Gombrowicz ha realizado un gambito perfecto, se sacó de encima a los poetas y se ganó un banquero, a partir de entonces, sale de la indigencia en la que ha vivido y trabaja siete años en el banco. Ahí escribe, a escondidas, Transatlántico. Tenía el manuscrito en un cajón de su escritorio para poder cerrarlo frente a cualquier presencia inoportuna.
Me parece que la relación entre la conferencia contra los poetas y el banquero polaco es una alegoría (una de las tantas alegorías a las que nos convoca Gombrowicz) y abre una línea para pensar la conexión entre poesía y dinero, entre los escritores y los banqueros.
Podríamos decir que los banqueros entienden a los poetas; en todo caso hay una relación que habría que pensar. Ya sabemos que Eliot trabajó en un banco, Joyce trabajó en un banco y en un sentido también Kafka (en una compañía de seguros); lo mismo el gran poeta argentino Raúl Gustavo Aguirre y tantos otros. “Money is a kind of poetry”, escribió Wallace Stevens, otro banquero (el dinero es una forma de poesía). También, a su manera, está Pound, el antibanquero obsesionado por la usura. Los poetas como economistas.
En el caso de Gombrowicz, la teoría económica se basa en la adicción.” A la humanidad le han sido dados ciertos vicios y sobre estos vicios ha creado un mercado”, escribe. En eso se parece a Burroughs, que también ha hecho de la adicción la clave de la economía. La droga es la mercancía por excelencia, decía Burroughs, es la realización plena de la economía capitalista porque crea un consumidor que no puede dejar de consumir”.
 
***
 
 

HABLEMOS DE LAS ESTRELLAS

 

 
Mis huesos, diseñados para el fuego.
O para una planilla que se ve en las pantallas
de la corporación de los arcángeles (¡está en la red!,
gritan los empleados de la corporación entusiasmados).
 
Podríamos hacer muchas suposiciones,
pero los perros ladran
y los peces vuelan
acá. 
 
Pedí un préstamo a la gente equivocada.
Ahora, ando escondido.
Y le prendo una velita al gauchito.
Con San La Tuerta no quiero tener
nada que ver. Por eso ni siquiera
digo su verdadero nombre. 
 
Ahora, hablemos de las estrellas
y del consumo masivo
de ansiolíticos.
Porque esto es un poema. 
 
Y en los poemas hay que
decir todo. 
 
Me cruzo de brazos y espero.
Pero con los brazos cruzados
no puedo prender un cigarrillo.

 

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