
Los problemas de un libro
El problema de un libro es ser, primero,
pensamientos de nada para nadie,
luego reposar sin ser escrito
el tiempo que estará sin ser leído,
después erigir, palabra por palabra, un autor
y ocupar su cabeza
hasta que la cabeza declare desalojo
y haga publicidad total
de estar vaciándose.
El problema de un libro es, segundo,
mantenerse alerta y listo
y atento como un posadero,
deseando y no deseando un huésped,
entre la esperanza del desvelo
y la esperanza del descanso.
Inseguras las páginas dormitan
y de un pestañazo se abren a los dedos
con sonrisa de casero, después se cierran.
El problema de un libro es, tercero,
decir su sermón y esquivar la vista,
provocar conmoción en el margen,
donde la lengua topa con el ojo,
sin presumir de experiencia en pánico,
ni de complicidad en la protesta.
La odisea de un libro es no dar señas
de odisea, ser chato e ignorante
del sentido estricto de lo impreso.
El problema de un libro es, mayormente,
ser nada más que libro por afuera;
vestir tapas como ceñidores,
sepultarse en la muerte de los libros
sin dejar de sentirse todo libro;
respirar palabras vivas, mas con el resuello
de las letras; hablarle a lo vivaz
en los ojos lectores, y ser respondido
en letras, en lo libresco.
Trad. Macarena Urzúa
(Fuente: Cecilia Pontorno)
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