APRENDIENDO A COSER
Estas costuras se parecen tanto a la línea del camino,
tenía cuatro años, mi madre me llevaba a la ciudad, en la que, quizás,
tenía la vaga esperanza de encontrarse
A mí, contradictoriamente, frente a esta esperanza me entraban náuseas,
vomité en el autobús.
Las mismas costuras; me sentaron delante para que las mirara,
así cosí largo tiempo con una invisible máquina de coser
la línea del medio de la carretera.
La ropa vieja en el ático;
remozando alguna cosa bastaría
hasta el final de la vida.
Claro, no tiene sentido hacerlo,
a no ser por razones ecológicas.
Las texturas que tocaban nuestros cuerpos,
a veces ya muertos; las líneas de las calles
marcan los zigzags de las partículas de Braun
controladas por una mano inmemorial.
Por eso tengo que aprender a coser una vez más,
para que no me den náuseas, para que me cubra
con viejos harapos cual caballera
con su armadura de historias.
Temblad, molinos de locura,
armada con la lanza de aguja
vengo a caballo sobre las puntadas.
¿creará un negocio? – preguntó el dependiente
en la tienda de las máquinas de coser
no, me dedicaré a crear
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trad. del lituano de Dovile Kuzminskaite con la colaboración de María Sebastià-Sáez, en "Círculo de Poesía. Revista electrónica", 27 de marzo de 2017. En la imagen, Giedré Kazlauskaité (Kedainiai, Lituania, 1980) por Monika Pozerskyté (Lithuanian Culture Institute)
(Fuente: Jonio González)
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