EN ENERO, LUCERNA, EN FEBRERO
EN ENERO, LUCERNA, EN FEBRERO
desde el día que me llegó tu respuesta,
tan franca, tan estupefacta,
te extrañé adolorido.
sueños confusos de reconquista, de aflicción,
cada vez más inciertos pareceres,
borrasca tras borrasca.
enero en lucerna,
las gaviotas que graznan.
el río frío.
apenas te reconozco:
tus ojos negros brillan con pena,
tu atemperado reproche refleja mi culpa,
todo lo mucho que habías llorado.
te siento, sí, pero entre neblinas,
te presencio, sí, pero velada,
hay instantes que te toco, pero no logro llegarte.
duele, sí, mucho, poquito,
algún día llegará a ser casi nada.
en los huesos siento encabritárseme
un melodrama de boleros, despecho y malos tragos.
¡qué pena, hombre,
ya uno algún día se acostumbrará a vivir sin ella!
¡lo siento, mi amor, qué pena contigo!
(¿por lo de todos estos años? ¿por el ridículo de recién?).
pero lo siento muy de verdad.
y tú también como que lo sientes,
y un poco tal vez me vayas a echar de menos,
a pesar de todo lo que fue,
a pesar de tu buena ventura sin mí.
febrero en lucerna.
las gaviotas más ganosas.
el río husmeando primavera aun lejana.
encaro entonces la vuelta al sur:
¡hacia renovados desatinos será!
una astilla de mí, sin embargo, queda entre tus cosas,
un pequeño pesar que retoña cada tanto.
de entonces en más nunca has dejado de regarlo,
módica, seria,
casi amorosamente.
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