
A una hormiga muerta en mi salero
Yo también confundí
la sal con el azúcar.
Las ventiscas brillantes
te tientan y te ciegan por igual,
y una vez que adquieres
el gusto de ese néctar
dejar de desearlo
es imposible.
Aprende la lección:
si el camino a la dulzura
es ancho y despejado,
desconfía.
La guardia de lo dulce
está siempre protegida, bien armada.
Y habrás de confiar en el otro
para que baje el puente levadizo
del castillo.
Al menos esa es mi experiencia.
Lo que no significa
que si hubieras acabado en el azucarero
y no en el salero
no te habrías muerto igual.
Te habrías muerto igual.
Pero el sabor del azúcar
dura más en tu lengua
y duele menos.
(Fuente: Caridad Atencio - Poetas cubanos)
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