1
Destejer
equivoca
el curso
del tiempo,
enturbia
el agua.
Un nombre pretérito
moldea el contorno de tu rostro.
La epidermis de los días
no se resquebraja fácilmente.
Al final,
transaremos con lo desconocido
como ilusos viajeros
piaremos
si es que el hambre nos deja un hueco en la memoria.
Nuestra frente será dichosa.
¡Ya
trina
el cielo!
5
Privilegio
de admirar
las estrellas
y deshojarlas
como dalias secas
en un baile difuso.
Intuyo
el desgarro
de la luz agonizante
cuyo grito aún se reparte
más allá de las aguas
que aquel loco navegante nunca temió.
La oscuridad se muestra larga,
su voz un ladrido.
Un vivió por lo oculto
cubre
los desvelos del día.
13
Al filo
de la helada
palabra
brillan como piezas de pedrería
breves flores
tenuemente amoldadas a tu asombro.
Era el recuerdo de la arcilla:
de su suave textura deslizándose
más allá del miedo que imprimen los abismos.
Y la lluvia:
asistíamos a lo extraño,
lo frío
del silencio
nos cobijaba.
Éramos los amos de un jardín ajeno.
Remediar
aquello extrañamente solo
era la trama
en el juego
de aquel páramo plumbago.
17
La llaga aúlla al costado de la aurora,
sangra el grito original de nacer perpetuamente.
Me deshojo pequeñamente.
Calladamente me hago arena.
24
¿Qué me dices piedra?,
no llego a sentirte.
Tal vez ni luz, a esta hora no sea tan intensa,
y tu agua me baña los ojos con lágrimas
que apenas sueñan con humedecer tu presencia de antigua catedral.
¿Qué me dices piedra?,
mi río no se encuentra,
mi amnesia no halla sosiego.
Pequeñas mudanzas (2017)
La Paz: Plural editores, 2017, pp. 13, 18, 27-28, 33 y 41
(Fuente: Óscar Limache)
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