"El chiminellero"
Durero hubiera tenido motivos para vivir
en esta aldea, con ocho ballenas varadas
a la vista; con el dulce aire del mar que entra en tu casa
en un hermoso día, desde el agua dibujada
con olas de una regularidad de escamas
de pescado.
De una en una, en parejas, de tres en tres, las gaviotas
van y vienen volando sobre el reloj del pueblo,
o dando vueltas al faro sin mover las
alas—
pausadamente elevándose con un leve
temblor del cuerpo— o se apiñan
chillando donde
un mar color púrpura de cuello de pavo real
se deslíe en verduzco azur como Durero transformaba
el verde-pino del Tirol en azul de pavo real y gris
de guinea. Pueden verse langostas
de veinticinco libras y redes de pescar puestas
a secar. El
bochinche del chubasco acuesta los salados zacatales
de la marisma, perturba estrellas en el cielo y la
estrella en la torre; es un privilegio poder ver
tanta confusión.
Un chiminellero vestido de rojo ha dejado
caer una cuerda como una araña hila su hilo;
podría ser parte de una novela pero en la acera un
letrero dice C. J. Poole, Chiminellero,
en blanco y negro; y uno en blanco
y rojo dice
peligro. El pórtico de la iglesia tiene cuatro columnas
estriadas, cada una tallada de una sola piedra,
pero
empobrecidas por el encalado. Este sería un paraíso para
golfillos, niños, animales, prisioneros,
y presidentes que han dado su merecido a los
perversos
senadores no pensando en ellos. Uno
ve aquí una escuela, una oficina de correos en
una tienda, pescaderías, pollerías, una goleta de tres palos
en
el astillero. El héroe, el estudiante,
el chiminellero, cada uno según su modo de ser,
están en su elemento.
No sería ciertamente peligroso estar viviendo
en una aldea como esta, de gente sencilla
que tienen un chiminellero que pone señales de peligro
junto a la iglesia
cuando está bruñendo la sólida,
puntuda estrella, que en una torre
significa esperanza.
Marianne Moore, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).
(Fuente: Asamblea de palabras)

No hay comentarios:
Publicar un comentario