«Qué decir del genocidio»
El genocidio palestino es uno de los grandes horrores de este siglo, acaso solo comparable al del Holocausto judío del siglo anterior. La radical intensificación del exterminio palestino de los últimos tres años y su exhibición desvergonzada impune han puesto a prueba el compromiso con los derechos humanos y los mecanismos de la legislación internacional, así como el sentido mismo de nuestra humanidad.
La lucha contra la barbarie del Gobierno y el ejército israelíes se libra en muchos frentes. Y uno de ellos es el de la palabra pública, es decir, el del reconocimiento de lo que ocurre frente a su distorsión. Así lo entendieron los 30 artistas e intelectuales que amenazaron, hace unas semanas, con boicotear el Festival de las Ideas de Madrid si la aseguradora Allianz, financieramente vinculada a Israel, no retiraba su patrocinio.
Y así también lo entendieron hace unos días los estudiantes de la Red Universitaria por Palestina de la Universidad de Granada cuando pidieron a las organizadoras del festival literario Cultur Alh que no le dieran espacio a la escritora argentina Ariana Harwicz por avalar el genocidio.
De inmediato se levantaron voces que enmarcaron el incidente como una violación de la libertad de expresión. Al hacerlo se omitía, errada o convenientemente, el hecho de que lo que se condenaba era normalización del genocidio y la demonización de quienes se oponen a él.
Importa recordar que las palabras tienen consecuencias, lo demostró el escritor judío Victor Klemperer en los años del nazismo al consignar el modo en que el discurso antisemita iba promoviendo la más extrema violencia contra millones de judíos y otras gentes consideradas inferiores. Por eso, el lenguaje hay que cuidarlo.
Por eso, toda intervención en el espacio público debe asumir una responsabilidad política y ética, sobre todo si el asunto es algo tan atroz como un genocidio. Por eso, en este momento crítico, yo asumo mi compromiso con el pueblo palestino: con su libertad de expresión, históricamente negada, con su libertad para vivir dignamente en su tierra, con su libertad para sobrevivir. Sobre esa libertad —y no sobre la de escritoras y escritores con micrófono en mano— no estamos hablando suficientemente.
en El País, Madrid, 25 de septiembre 2026
(Fuente: Descontexto)

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